Que la sociedad ha cambiado nadie lo discute. Que el modo de trabajar ha cambiado tampoco se discute. Teletrabajo, wikipedias, reserva de viajes online, cibercompra… son términos incorporados y asimilados por esta sociedad hiperconectada e hiperinformada. Pero entonces, me pregunto, ¿estamos formando y preparando a nuestros hijos para esta nueva realidad?
En un colegio de Valencia (Colegio San Roque) se ha implantado en primaria y bachillerato un programa piloto consistente en cambiar los libros tradicionales por tabletas. Las tabletas son propiedad del alumno. los padres pagan inicialmente 150 € y 27 € al mes durante 2 años, lo que equivale a menos de lo que pagarían por su equivalente en libros tradicionales. Si la tableta se rompe la paga el seguro y los datos están respaldados en la nube.
Para los profesores es un material didáctico casi infinito. Para los alumnos supone acceso a internet en cualquier momento o contacto con el profesor desde casa.


Bonito, ¿verdad?

El diario El Mundo también se ha hecho eco de esta noticia en un artículo (La educación que viene), en el que describen la metodología seguida con estos alumnos.

Comentarios al artículo:

«El maestro hace un plan de trabajo para dos o tres semanas y marca las tareas a realizar por el estudiante, al que se le presentan las asignaturas divididas por talleres o competencias», señala Navarro. A este cambio metodológico, que huye de la lección magistral desde una tarima, se ha sumado la introducción de la tableta en el aula.

Un cambio de herramientas debe ir acompañado de un cambio de metodología. Poner en manos de un niño una herramienta con acceso infinito a información hace que el papel del profesor cambie. No se trata de transmitir conocimientos, se trata de que esos conocimientos sean entendidos por el niño. Se trata de desarrollar las competencias, no de memorizar unos conocimientos, volcarlos en un examen y, acto seguido, borrarlos de la cabeza para repetir el proceso. Los niños necesitan entender su entorno, no memorizarlo.

Cambio metodológico, cambio de herramientas… y cambio de los espacios educativos. Como subraya Navarro, la nueva configuración de las aulas no tiene nada que ver con una clase tradicional». En la práctica, esto ha supuesto la instalación de tabiques móviles para que los distintos grupos de cuarto y quinto de Primaria puedan trabajar juntos o separados, en función de las necesidades.

Este cambio metodológico, de herramientas y de espacios es necesario pero requiere de implicación por parte de toda la comunidad educativa. Y es en esta comunidad educativa donde veo resistencias por parte de profesores, centros, padres e incluso alumnos.

Posibles ventajas:

Mejora la disciplina

Es más, «hay una mejor disciplina porque los niños están en clase con un trabajo por hacer y no simplemente para escuchar». Así, Navarro tiene claro que, «o dejamos de hacer lo que estamos haciendo, o no salimos de esta; es lo que se llama una educación disruptiva»

Mejora la creatividad

En su opinión, «la tecnología es invisible», en la medida en que debe servir para lo que el profesor pretenda. Pero, sin duda, si hay algo fundamental que introduce en el aula es la creatividad.

Motiva al alumno, mejorando sus resultados

«Planteamos actividades a los alumnos, le damos unas herramientas y ellos investigan». Así que, entre los beneficios que reporta la tecnología al alumnado, Darder enumera desde la autonomía en el aprendizaje hasta la mayor motivación y disfrute. «Y sólo se aprende cuando se disfruta».

Sin duda es el futuro, pero en el contexto actual veo difícil su implementación a corto plazo.

En cualquier caso, Darder advirtió de que «el cambio debe estar también presente en todo el mundo que rodea a la educación», comenzando por las editoriales de libros de texto. Un ejemplo: un libro electrónico no debería ser únicamente un compendio de PDF.