Sin duda, la noticia astronómica de la semana ha sido el aterrizaje de la sonda Philae sobre un cometa. Siguiendo el evento por televisión mi hija me preguntó “qué era eso que parecía un asteroide”, y me vino a la memoria una noche de observación con ella.

Philae sobre el cometa. Foto European Space Agency

Philae sobre el cometa. Foto European Space Agency

Desde niños todos hemos sentido fascinación por observar el cielo. Nuestros padres intentaban saciar nuestra infinita curiosidad sobre “esas cosas brillantes del cielo”. Que si la luna, que si los planetas… Con el tiempo esa curiosidad la vamos perdiendo y dejamos de mirar al cielo. Pero sigue estando ahí y un buen día, casi sin avisar, descubrimos que aun queremos saber. Y poco a poco nos vamos interesando por planetas, constelaciones, cometas, galaxias…

Los niños también observan el cielo

Hace tiempo aproveché una noche sin nubes para montar mi viejo telescopio y observar la luna en fase creciente, con su hipnótica luz cenicienta, y Venus, planeta del sistema solar y el astro más brillante del cielo nocturno (magnitud aparente de -4), después de la luna. Y, como no, me acompañaba mi hija de cinco años.

Una vez puesto en estación el telescopio invité a mi hija a que mirara a la Luna y a Venus. Sus ojos curiosos miraban por el ocular: “Papá, ¿que es eso que tiene la luna?” Son los cráteres de la Luna, le conteste. Entonces apunté el buscador del telescopio a Venus y acto seguido repito la operación: “Mira por aquí, si, por aquí”. Y escucho: “¡Anda!, una luna pequeña”. En ese momento me invadió un sentimiento de orgullo y admiración. Mi hija estaba contemplando Venus, en fase creciente. Visto por el telescopio parece una luna pequeñita. Lo asombroso de esto es que la primera persona que vio estas fases fue Galileo, en 1610, una observación que sostenía la discutida teoría heliocéntrica de Copérnico y que, poco después, fue aceptada. Y ahí estaba, una niña de 5 años había visto algo que hasta hace 400 años era discutido y negado por las más altas autoridades de la época y pocos podían creer.

¿qué es la astronomía?

La observación del cielo, aunque nueva para mi hija, no lo es para la humanidad. Existe un vínculo con las estrellas. El sol nos da calor, rige el clima, nos da sustento. El sol es uno solo de los millones de estrellas que existen en el universo. Hubo un tiempo sin televisión, sin radio, sin libros, sin contaminación lumínica; un tiempo en que mirábamos las estrellas cuando el fuego del campamento se apagaba. El cielo nocturno tiene patrones y se pueden interpretar formas. La curiosidad que nos define intentó darle una explicación a partir de esos patrones.

Todos los pueblos del planeta se esforzaron por aprender astronomía. La posición de las constelaciones seguía un patrón, que bien pudo utilizarse para marcar el inicio de la temporada de caza, la cosecha o el inicio de las inundaciones anuales. Conocer estos patrones era prioritario para estas sociedades. Por ejemplo, en el antiguo egipto se asociaba la aparición de la estrella Sirio sobre el horizonte Este con las crecidas del Nilo. La salida de la estrella marcaba una época trascendental para su supervivencia.

La influencia de las estrellas en nuestras propias vidas y su estudio fueron, con el tiempo, incorporados al saber popular e interpretados por pseudociencias como la astrología, que veía nuestros destinos determinados y controlados por la posición de los astros. Aun hoy en día aparecen en medios de comunicación el horóscopo, doce signos zodiacales que influyen en nosotros. Casi todo el mundo conoce su horóscopo (determinado por su fecha de nacimiento), pero no tantos saben identificar esa constelación en el cielo.

La astronomía, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, se define como “ciencia que trata de cuanto refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”. Y no hace falta mucho para descubrir ese espacio infinito que un día nos vio nacer. Solo unos ojos curiosos, tal vez unos prismáticos o puede que un telescopio refractor (como el de Galileo) o reflector (como el de Newton). Ya habrá tiempo de identificar Vega, Venus, Sirio o las Pléyades. Ya habrá tiempo de conocer el catálogo Messier con sus nebulosas y galaxias. Lo importante es la curiosidad, la misma que demuestra una niña de cinco años mirando Venus en conjunción con la Luna, la misma que muestra mi hija cada vez que ve un punto brillante en el firmamento y me pregunta: “Papa, ese punto brillante, ¿es Venus?”